Y VAMOS VIENDO...
-Vamos viendo- me dijo ella, con manifiestas intenciones de cruzar nuestros caminos.
-Vamos viendo, vamos viendo...- y yo, bueno, yo no tenía intención alguna de querer conocerla, o por lo menos, eso creía: que yo era un hombre serio, caramba.
-Es que no nos conocemos- le espeté : no tenemos nada en común- . Eso creía yo: era, qué diablos, un hombre respetable.
-Vamos viendo, vamos viendo... ¿No tenemos nada en común? Divertidísimo, en verdad. Vamos viendo: somos latinoamericanos. Y chilenos, para colmo... Sucede que nomás aquí tenemos un buen fascismo ganando elecciones como si nada... El Che luchó por la liberación de ambos... ¿Sabías? Y mira a lo que hemos llegado. Vivimos en un hermoso país con vista al mar en donde los militares son un gran falo que satisface a los de arriba. Veamos: nosotros somos de abajo, me parece. Además, solamente aquí los milicos se pasan a la política que es un gusto... Así y todo vivimos en el mismo mundo en donde la seriedad y todo ese cuento es lo que reina. ¡Que imbecilidad! ¿Cierto? Además somos jóvenes, y por lo tanto, pecadores, así es que ese cuento de la seriedad vamos dejándolo para los curas. Que lástima por ellos, que se lo pierden. Vamos viendo...: tenemos un par de buenas intenciones cada día, pero se diluyen rápido porque la verdad es que no son precisamente para realizarlas las facilidades que se entregan en las tiendas... Mejor no perdamos el tiempo y larguémonos a vitrinear, que así estaremos contentos. Veamos: nos levantamos durante veinte años, todos los días, y ahí estaba la cordillera, que -a pesar de los que digan- de romántica no tiene nada. Hemos visto el mismo paisaje y sentido el mismo olor a encierro durante todos esos días. ¿Cierto? Hemos querido muchas veces pasarla bien por un rato, liberarnos, pero nos lo han prohibido la iglesia o la policía, que vendrían siendo lo mismo. Eso nos ha pasado a ambos, ¿verdad? Y cuando llegan los malos tiempos nos levantamos todas las mañanas aborreciendo el tener que despertar y enfrentar el puto mundo, y deseando que vuelva pronto la noche para no oír ni sentir nada... ¿Cierto? A veces escuchamos en la radio o leemos en las revistas a algunos idiotas que, seguramente, se creerán bastante interesantes... pero, ¿que mierda nos importa a nosotros saber de sus depresiones o del nombre de su perro? Y siguen hablando... Se supone que nos deberíamos reir, pero ni de eso dan ganas. Nos enseñaron que Dios nos creó a ambos -y a todos- y que nos aconseja no obrar mal por castigo y a reprimirnos por conveniencia. Gracioso resulta, sin duda, cuando pensamos que la tortura existió y que la hicieron los primeros que después se dicen católicos. ¿Creerán que somos imbéciles? Bueno, parece que sí... nos obligan a producir y a consumir porque aquí no existe el que no produce o no consume... pero lo verdaderamente gracioso es que después se quejan de que el mundo esté tan inhumano, y que los delincuentes, y que los malos... Y hemos querido michas veces olvidarnos de toda esta mierda y arrancar bien lejos, pero hasta ahora, por pereza o por cobardía, no nos hemos animado a hacerlo... Cuando reclamamos sobre estas cosas, tipos muy inteligentes vienen y nos dicen que “para qué se amargan la vida” y que “yo también pensaba lo mismo a su edad”... O sea, la gracia es quedarse sentado. Y momento, que cuando por fin nos callamos, vienen los otros –que, para colmo, son de los nuestros- y dicen que “¿ qué haces ahí, sentado, viendo como todo caga...?”... O sea, la gracia es deprimirse... Estamos condenados a sentirnos nostálgicos por los lindos años pasados que no conocimos pero que quienes conocieron nos quieren obligar a admirar... “Es que nosotros sí creíamos en algo” dicen después, mirándonos para abajo. Bueno, que bien les fue... Nos enseñaron a adorar a los mismos mitos y a los mismos héroes, que son los que ahora odiamos porque andando el tiempo descubrimos que todo eso no es sino una concesión al fascismo... Por lo demás, ¿quien me asegura que a Arturo Prat no lo empujaron...? Nos quisieron meter toda esa mierda en la cabeza pero creo que, afortunadamente, no lo consiguieron... Y tengo un par de cosas más que decir al respecto, pero, por ahora, no lo haré porque es de personas sensatas tomarse las cosas con calma. Y, para colmo, estamos los dos sentados aquí pensando en que son muy pocos los momentos en los que se puede ser realmente como se es. Como ahora., por ejemplo. Y bueno...: ¿Crees todavía que no tenemos nada en común...?
Silencio.
-¿Cómo te llamas?- pregunté.
-No tengo nombre.
-Bien. Convidémonos otro traguito.
Nos sentamos. Y conversamos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario