sábado, 29 de noviembre de 2008

Gabriela Mistral, Adventista y otras, ¿Universidades? Pongámonos serios, por favor.




"...La neutralidad frente al mundo, frente a lo histórico, frente a los valores, refleja simplemente el miedo que tiene uno de revelar su compromiso. Este miedo, casi siempre, resulta del hecho de que se dicen neutros están "comprometidos" contra los hombres, contra su humanización". "No es posible un compromiso verdadero con la realidad y con los hombres concretos que en ella y con ella están, si de esta realidad y de estos hombres uno tiene una conciencia ingenua. No es posible compromiso auténtico si, al que se piensa comprometido, la realidad se le presenta como si fuera algo dado, estático e inmutable".
Paulo Freire, "Educación y Cambio", Ediciones Búsqueda, Buenos Aires.

“Ustedes serán también los encargados de que la política, en cualquiera de sus formas, no vuelva a instaurarse en las aulas universitarias...”.

Agustín Toro Dávila, Rector de la Universidad de Chile
designado por la dictadura militar, Discursos del Rector,
Ediciones de la Universidad de Chile, 1980.


No parece ser necesario ahondar en las palabras perpetradas por quien fuera por años, para desgracia de todos, el rector de la principal universidad de nuestro país. El rechazo visceral que le produce al señor rector la adquisición pública de una opción política, y que es la opción que cualquier estudiante o persona mínimamente talentoso/a debiera tomar –independiente de cuál sea su opción política–, y que es por cierto la opción que nosotros tomamos, nos indica que no andamos totalmente descaminados en nuestras actitudes. Lo preocupante sería estar de acuerdo con una mente militar ejemplarmente vulgar.

El tema de la politización de la educación ha sido más que debatido, ciertamente por personas de bastante vuelo intelectual, y ciertamente en debates de bastante vuelo intelectual. La abstracción que ciertos sectores, en Chile históricamente identificados con la derecha política, pretenden hacer de la participación política, apuntando por el contrario a una suerte de asepsia ideológica[1] (que no es otra cosa que el mantenimiento encubierto de una opción política conservadora, excluyente y fundada en antivalores que sería largo y penoso enumerar aquí) ha dado resultados lamentables. Se critica la mediocridad general en la que ciertos sectores nacionales se encuentran sumidos, y sin embargo se toman medidas que no hacen sino perpetuar tal mediocridad: a las clases dirigentes siempre les ha favorecido que las masas consideren suficiente el pan y el circo: “Nos escandaliza el cinismo de los emperadores romanos que le daban al pueblo <>, pero ¿qué es lo que hace hoy la televisión y los llamados <>? Se creía que a medida que se ampliase la esfera privada y el individuo tuviese más tiempo libre para sí, aumentaría el culto a las artes, la lectura y la meditación. Hoy nos damos cuenta que el hombre no sabe qué hacer con su tiempo; se ha convertido en esclavo de diversiones por lo general estúpidas y las horas que no dedica al lucro las consagra a un hedonismo fácil...”[2].

En la educación el tema no anda muy alejado de lo que anteriormente se ha descrito respecto de la política. No obstante las diversas alternativas que se ofrecen en cuanto a la elección de las instituciones educacionales, es preocupante observar el tenor de algunos de tales ofrecimientos, o aún la propia lógica interna de instituciones universitarias que se presumen abiertas, pluralistas y tolerantes: “Tengo claro que la universidad Gabriela Mistral será elitista. Y hemos optado por ello, porque nos parece relevante el empezar a preocuparse de las personas que ocuparán los cargos de relevancia en la sociedad...” [3]afirmaba Alicia Romo, fundadora de lo que fue la primera universidad privada del país, en 1980. “Evitar todo acto de subversión, difamación y/o expresión de ideas o tendencias político partidistas que dividen a las personas”... “Demostrar sencillez en tu vestir, buen gusto (recato, modestia), no utilizando joyas o fantasías, aros, pendientes, collares, cadenillas, brazaletes, ilusiones, como tampoco el uso excesivo de cosméticos y pinturas, tanto dentro del plantel como en cualquier actividad en la que individual o colectivamente representes a la Institución” dice el actual reglamento de la universidad Adventista de Chile[4]. Lo preocupante no es, entonces, el que tales instituciones adquieran tales esquemas, ni el que haya alumnos dispuestos a adherir a ellos. Lo preocupante es el hecho de que tales institutos –no los llamaré universidades– se encuentren en idéntica categoría que otras universidades que sí cumplen con la calidad de ser universales.

Me he detenido en el anterior análisis porque busco graficar las diversas elecciones que un o unos organismos educacionales pudieran adoptar. Claramente, los hechos tangibles que he mencionado –el discurso de una rectora, el reglamento de un instituto– ocultan ciertas dinámicas subyacentes que configuran toda una manera de enfrentar o comprender el universo. Desde ya, la represión o el ocultamiento de manifestaciones político partidistas que dividen a las personas, y aún más, el acuñamiento de tal idea en un código escrito y público, es una manifestación política. Nada de lo que el ser humano haga o deje de hacer se encuentra fuera de la política. Según define Aristóteles: “La política no es más que la suma de todas las manifestaciones humanas...”[5]. Por tanto, siguiendo tal razonamiento, insisto en un punto central: el decir “yo no soy político...”es, claramente, una opción política. De las peores, de acuerdo, y colindante con expresiones y conceptos que han sido muy utilizados a través de la historia por los estados totalitarios, los cuales buscaban precisamente la mantención de personas sumidas en el oscurantismo más primitivo. Lo que antes se hacía por decreto (censuras, prohibiciones, expulsiones de centros de estudio o del país, etc), hoy cuenta con modelos más sofisticados: la televisión, la prensa escrita, la aceptación de patrones relativistas para calificar ciertos hechos, etc. ¿Por donde se avizora una solución, entonces?

A mi juicio, tras de toda esta espesura cultural-basural que produce el país se encuentra un hecho principal: la indiferencia individualista propia de la sociedad de consumo. Así, se es feliz mientras se compre. La conciencia ingenua, de la que habla Paulo Freire, que significa abstraerse de cualquier tipo de crítica o cuestionamiento a la condición de la sociedad actual. Y no hablo solamente de las masas: ya he dicho que me parece aberrante llamar universidad y, por tanto, atribuirles la misma cualidad a, por ejemplo, la Universidad de Chile y a la Adventista. En una sociedad de principios claros no se cae en tales relativismos. Sí se incurre en ellos en una sociedad ingenua.

La educación formal está viciada, porque viciadas están profundamente ciertas estructuras del país que la educación no hace más que representar. Ante tan irritable realidad, se debe buscar con agresividad la instauración de modelos educativos alternativos que, en primer término, no nieguen la condición de individuos integrales, con ideas, valores, críticas, errores, aros, manifestaciones políticas, manifestaciones partidistas, etc. Insisto en un punto central: el Estado, a través del Ministerio de Educación, debiera estar alerta a no categorizar de la misma manera a instituciones que tienen por objetivo la ampliación de las fronteras del conocimiento humano con otras instituciones que no tienen otro objetivo que la perpetuación continua de la mediocridad, como lo es el caso de la universidad Adventista, la Gabriela Mistral y muchas otras privadas que florecieron durante una época en la que dicha ampliación del conocimiento humano ni estaba dentro de los objetivos declarados .


[1] “Yo no soy político” señaló, por años, el principal candidato político de la derecha a la presidencia de la república.
[2] Octavio Paz, Vislumbres de la India, Editorial Seix Barral, Barcelona – España, 1995, edición del año 2001.
[3] La señora Romo dice “preocuparse de las personas que van a ocupar los cargos de relevancia en la sociedad”. Si nos fijamos con atención, está implícita la idea de que existen las personas que están destinadas a los cargos, excluyendo así la posibilidad de que otras personas puedan ocupar tales cargos. La señora Romo parece estar en exclusiva dedicación a formar a quienes, seguramente debido a los genes u otros medios de selección natural, serán quienes están sencillamente predeterminados a ejercer liderazgo en la sociedad.
[4] Una reproducción parcial del reglamento de dicha ¿universidad? se encuentra en la siguiente dirección de correo electrónico: http://www.unachile.cl/asestud/normas.htm. Personalmente, no tengo nada en contra de las diversas opciones, políticas o religiosas, a las cuales las personas adhieran. Me parece interesante, sin embargo, recalcar que pocas veces la Inquisición puede ir de la mano con el Conocimiento, como parece ser el caso de la mal llamada universidad Adventista. La definición técnica de la palabra universidad es: Universalidad, calidad de universal, de lo que se desprende que una universidad debiera representar o tender a representar y/o contener todo tipo de manifestaciones humanas, entre las cuales ciertamente podemos considerar la expresión de tendencias político partidistas o el uso de joyas o fantasías, aros, pendientes, collares, cadenillas, brazaletes, ilusiones, etc. El Ministerio de Educación debería ser bastante más en entregar la figura jurídica de universidad solamente a aquellas que lo son, y no a institutos que pretendan serlo pero que no cumplen con los estándares intelectuales ni éticos para ello.
[5] Aristóteles, Política.

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