
Microcuento publicado en la edición de Literatura Comprimida 2007, Huelva, España.
Así que cuando yo decidí por fin tomar la delantera y demostrarle que era alguien, que he vivido, putas que he vivido, que ojalá me preguntara cosas, que qué piensas de esto y de aquello y de lo otro, tomé una cerveza –demorándome en preparar las próximas palabras como hacía siempre que no tenía claro que crestas iba a decir– y le di un gran sorbo, luego del cual ya tenía previsto hablar de algo, pero unas ganas infernales de eructar me invadieron el cuerpo, me subieron desde el esófago y se me escaparon por la garganta, y ahí me quedé, eructando vergonzosamente y sin palabras que decir, ni siquiera para salvar la situación.
Pero ella me miró, y sonrió.
Así que cuando yo decidí por fin tomar la delantera y demostrarle que era alguien, que he vivido, putas que he vivido, que ojalá me preguntara cosas, que qué piensas de esto y de aquello y de lo otro, tomé una cerveza –demorándome en preparar las próximas palabras como hacía siempre que no tenía claro que crestas iba a decir– y le di un gran sorbo, luego del cual ya tenía previsto hablar de algo, pero unas ganas infernales de eructar me invadieron el cuerpo, me subieron desde el esófago y se me escaparon por la garganta, y ahí me quedé, eructando vergonzosamente y sin palabras que decir, ni siquiera para salvar la situación.
Pero ella me miró, y sonrió.

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