sábado, 29 de noviembre de 2008

Malas cursilerías durante alguna borrachera sustentable

Y me lanzo entre sueños a buscarte dormido
para no oírme despierto blasfemando alaridos.
Se me acerca, entonces, la imagen del cadalso
-de la ausencia de tu alma, de mi amor en falso-;
mas, entonces creo, buscando eternidades
¡junto a mí estarás, en todas las edades!
Te amo y ya no puedo soñar sin desearte
-igual que el asesino que no quiere despertarse-
sin probar el dulce néctar de la muerte maldita.
¡Tu indiferencia, vuelve, tu boca, aun exquisita!
Y desciendo entre penumbras por tus pechos lacerantes
sin oir más que agonías, en vigilias; más que antes
aun te amo y, de verdad, sin perdonarme
el que hayas olvidado que una vez fuimos amantes.

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